JUJUY A DIARIO

El jugador profesional de fútbol que nunca jugó un partido oficial

La extravagante historia de un futbolista brasilero que nunca jugó
Corría el año 1984 y el Club Atlético Independiente salía campeón de la Copa Libertadores de América y entre sus filas se destacaba un lateral izquierdo, Carlos Alberto Enrique.


Dos años después aparece en escena un personaje muy singular, Carlos Henrique Raposo, que haciéndose pasar por el lateral de independiente campeón, se sumó a las filas del fútbol profesional, aun cuando no sabía jugar ni le gustaba el fútbol.
Raposo convence a Mauricio de Oliveira, un referente del Club Botafogo, para que sea su representante, así se incorporó al Fogao que lo fichó, le decían el Kaiser por su parecido con Franz Beckenbauer y llegó con las expectativas más altas al club, pero como carecía de talento para jugar empezó a utilizar una estrategia para evitar mostrar sus “dotes”, fingir lesiones.


Llegaba a los entrenamientos y al poco tiempo empezaba a renguear o tocarse el muslo o la pantorrilla y se iba a la enfermería, y así pasaban 20 días, en esos días no existía la resonancia magnética lo cual lo favorecía.
Una vez pasado ese periodo, la estrategia del ‘Kaiser’ era la de cambiar de equipo para no levantar sospechas. Su personalidad le hizo forjar más contactos y Renato Gaúcho lo llevó al Flamengo. Allí siguió con sus artimañas.


Así sin jugar y todo le llegó la oportunidad de emigrar al extranjero, al fútbol mexicano en el Puebla y luego a la liga de Estados Unidos , siempre con la excusa de las lesiones para no jugar. Luego regresó a Brasil para jugar en el Bangú, en uno de los partidos en el que el equipo iba perdiendo el entrenador lo llama para que entre a jugar, y viendo que su mentira se podía descubrir saltó el cerco y se fue a pelear con los hinchas que insultaban al técnico, obviamente fue expulsado antes de ingresar al campo de juego.


Su paso por Europa


Después paso a Europa, más específicamente a Francia, al Ajaccio y tuvo que hacer un entrenamiento con público. “El estadio era pequeño, pero estaba lleno de hinchas. Creía que solo entraba a saludar a los simpatizantes, pero había infinidad de balones. Teníamos que entrenar. Se iban a dar cuenta de que era horrible. Empecé a agarrar pelota por pelota y se las pateaba a los hinchas mientras al mismo tiempo saludaba y besaba el escudo de la camiseta. Los aficionados enloquecieron, pero los dirigentes se agarraban la cabeza porque los hinchas se llevaron de recuerdo todos esos balones. Tiré como cincuenta y no quedó ni uno”.

Fin de su carrera y retiro

Y así cuando cumplió los 38 años anunció su retiro sin haber jugado nunca un partido oficial, él sólo quería era tener la vida de los futbolistas, por lo que se valió de su carisma para convencer a los clubes de ficharlo sin haberlo visto en la cancha.
Actualmente el hombre de casi 60 años, que supo compartir equipo con leyendas como Rocha, Gaúcho, Romario, Branco y Bebeto entre otros, dirige un gimnasio y se autodenomina Personal Trainer. En una entrevista, declaró que no se hizo millonario pero vivió bien durante un tiempo, unos 20 años.

Plinio Lopez

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