Anoche, en la última noche del Carnaval de Los Tekis, la Ciudad Cultural de San Salvador de Jujuy volvió a latir con fuerza propia. Fue, sin dudas, la más multitudinaria y vibrante de las cuatro jornadas, una síntesis perfecta de lo que significa esta fiesta para Jujuy: Identidad, música, encuentro y celebración compartida.
El público fue tan diverso como la grilla artística. Desde jóvenes y niños que llegaron temprano para ver a Q’Lokura y aguantaron hasta el final sin perder energía, hasta el público más tradicional —familias completas, generaciones enteras juntas— que esperó con emoción la presentación de El Chaqueño Palavecino. Esa mezcla de edades y estilos volvió a confirmar que el carnaval trasciende géneros musicales: es un punto de encuentro cultural.

La identidad jujeña también tuvo su protagonismo sobre el escenario. Los grupos locales Diableros Jujeños y Coroico pusieron color y fiesta a la noche, reafirmando el talento provincial y ese sonido andino que conecta directamente con las raíces del carnaval.
Como anfitriones, Los Tekis cumplieron una vez más. Con oficio y carisma, supieron leer el pulso de la noche y levantar la fiesta cuando más lo necesitaba el público. Su presencia en el escenario no es solo musical; es simbólica. Son los dueños de casa que entienden que este carnaval ya es parte del ADN jujeño.
El cuarteto también tuvo su momento estelar. La Pepa Brizuela desplegó todo el ritmo cordobés e hizo bailar a la multitud con una energía contagiosa, en una noche fresca, especial, de esas que invitan a quedarse hasta el último acorde.
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Pero no todo fue fiesta. Hubo un instante de profunda emoción durante el homenaje a uno de los locutores icónicos del carnaval, “Chochi” Martín Mendoza. El recuerdo compartido, los aplausos sentidos y la memoria viva en cada palabra marcaron uno de los momentos más conmovedores de la jornada, demostrando que esta celebración también es historia y afecto colectivo.
El cierre fue explosivo. Q’Lokura hizo delirar al público con un show impecable, cargado de energía y power, que convirtió el predio en una pista de baile masiva. Nadie quedó quieto. Fue un final a la altura de una edición que volvió a posicionar al carnaval como uno de los eventos culturales más convocantes del Norte argentino.

Así, entre emoción y euforia, el Carnaval de Los Tekis bajó el telón hasta el próximo año, dejando en el aire esa sensación única que solo tienen las grandes fiestas: la de haber sido parte de algo que nos une.













