Este domingo 18 de enero de 2026 se cumplieron seis años del asesinato de Fernando Báez Sosa, el joven de 18 años brutalmente golpeado hasta la muerte a la salida del boliche Le Brique en Villa Gesell. Sus padres, Graciela Sosa y Silvino Báez, encabezaron una misa homenaje en la parroquia Santísimo Redentor, en el barrio porteño de Recoleta. La ceremonia, cargada de emotividad, reunió a familiares, amigos y ciudadanos solidarios.
El evento revivió el dolor de un crimen que conmocionó a Argentina y generó un intenso debate sobre la violencia juvenil, el bullying y el rol de los asesinos en incidentes de agresión grupal. Fernando fue atacado por un grupo de ocho jóvenes, conocidos como “la banda de los rugbiers”, en un hecho que quedó grabado en la memoria colectiva.
Homenaje y el impacto familiar
Rodeados de apoyo comunitario, Graciela y Silvino Báez presidieron la misa en un ambiente de fuerte emotividad. Familiares y amigos recordaron a Fernando como un joven amable, deportista y estudiante ejemplar, cuya vida se truncó en la madrugada del 18 de enero de 2020. La ceremonia subrayó el compromiso de los padres por mantener viva la memoria de su hijo y promover mensajes contra la violencia.
Este no es el primer homenaje: Desde el crimen, la familia Báez Sosa ha impulsado marchas, campañas y proyectos de ley para endurecer penas por homicidios agravados por alevosía. Su lucha ha inspirado a miles en redes sociales y medios, con hashtags como #JusticiaPorFernando que acumulan millones de interacciones.
El crimen que marcó un antes y un después
Fernando Báez Sosa, oriundo de La Plata, disfrutaba de sus vacaciones en Villa Gesell cuando, tras una salida nocturna al boliche Le Brique, fue interceptado por un grupo de rugbiers del club Náutico de Zárate. Las cámaras de seguridad capturaron la feroz golpiza que duró minutos, dejando al joven sin vida en el lugar.
Los acusados, todos menores de edad en ese momento, fueron juzgados en 2023. Cinco recibieron prisión perpetua por homicidio doblemente agravado, mientras otros tres fueron condenados a 15 años. El fallo del Tribunal de Dolores fue histórico, visibilizando la cultura de la violencia en ciertos grupos juveniles.













